by Mario Tarallo – Punta del Este IBT

Imágenes es prohibida su reproducción parcial o total.

Guatemala, conocido como el país de la eterna Primavera, gracias a su clima agradable, tiene una superficie de 109000 kms2 y se divide en 22 departamentos, con una población de casi 14 millones de habitantes.

Con una cultura única proveniente de la convivencia de 22 etnias mayas y ladinos.

Con una privilegiada ubicación geográfica, se ha transformado en una plataforma competitiva para el mercado mundial de negocios, impulsado por el trabajo conjunto entre el gobierno y el sector privado.

Hoy uno de los principales mercados emergentes de Latinoamérica, siendo la economía más grande de Centro América representando el 27,80% del Producto Interno Bruto de la región. (Incluídos Belice y Panamá)

El Sector Turismo es el primer contribuyente del ingreso de divisas en la economía, que generó durante el año 2009 un ingreso de u$s 1,298 millones y ha mantenido una tendencia positiva en el ingreso de turistas desde el año 2003, con más de 1,7 millones de visitantes durante el año 2009.

Como principal impulsador de la economía guatemalteca, el Sector Turismo es de prioridad nacional, con el objetivo de fortalecer la principal industria de la región centroamericana a los efectos de contribuir a su desarrollo y al incremento de turistas para la misma.

Guatemala, Corazón del Mundo Maya, un destino a conocer y disfrutar.

Antigua Guatemala, Patrimonio de la Humanidad. En la foto, el arco del Convento de Santa Catalina.

 

Por mencionar sólo alguno de estos importantes productos y destinos turísticos, nos referiremos en esta nota al volcán activo Pacaya. Este volcán, 2550 msnm, que hiciera erupción por primera vez hace ya miles de años, fue declarado Parque Nacional en el año 2005 y está localizado 30 kms al sur de ciudad de Guatemala. Su última erupción, fue en mayo de 2010, afectando Ciudad de Guatemala y otros tres departamentos de la República, lo que obligó entre otras calamidades al cierre del aeropuerto La Aurora durante 5 días debido a las nubes de arena volcánica.

Visitamos el Pacaya, partiendo desde nuestro hotel Princess en Ciudad de Guatemala, en bus a poco más de una hora hasta su base, y luego de montar unos caballos que harían el trayecto más sufrido, por empinados senderos de roca volcánica, por serpenteantes caminos entre árboles y ramas, raíces y rocas, llegamos luego de casi una hora al punto en dónde el trayecto era solo a pie.

A caballo por senderos de arenas volcánicas.

Muchas personas habitan en las faldas del volcán. Los alimentos se cocinan con leña, la cual es recogida y transportada por lugareños de la manera tradicional.

Dejamos nuestros caballos, me despido del mío “Comanche” se llama, y es el más grande. Digo el más grande dentro de un tipo de caballos no muy grandes, haciendo su tamaño el ideal para transitar por estos lugares. A lo  lejos, y de un activo Pacaya, un humeante vapor blanco salía de su cráter.

El Pacaya. Con uno de nuestros excelentes guías, un "veterano" de 14 años, hijo del volcán y con lava en sus venas.

Con uno de nuestros guías, catorce años y todo un baqueano.

No hay prácticamente vegetación. Todo esto estuvo cubierto de lava.

Una pequeña cueva de lava. No puedes acercar la mano a la boca a menos de 50 cms.

Un visitante introduce un palo en una de las cuevas, el cual se enciende debido al intenso calor de la cueva de lava.

Malvaviscos a la lava, Un “must” del Pacaya.

Fumatas por doquier. Una actividad que no se detiene, bajo el suelo, túneles de lava.

La actividad bajo tierra continúa en innumerables sitios, con la despedida de vapores característicos.

Nos encontramos en dónde hiciera su última erupción, (mayo/2010). Es un enorme mar de lava, con grietas y senderos, con infinidad de aristas filosas que no invitan a recorrerlas si no es con el máximo cuidado. Todo a nuestro alrededor es de color oscuro, con matices que van del gris más claro al más oscuro y negro azabache. Todo es lava, pero hay que circular con cuidado, es quebradiza y muy filosa debido a sus formas irregulares. Realmente no te quisieras caer allí. Hay un sendero de roca más fina, está apisonada, es un poco más firme y por el transitamos. Vamos hacia algunas de las cuevas de lava, en su interior, la temperatura es de varios cientos de grados, algunas humean y otras no, y según la dirección del viento, el calor en el rostro te obliga a cubrirte. Asusta el sólo pensar en caer en alguna de ellas. Por debajo nuestro la lava sigue circulando por túneles de lava. Arrojamos en alguna de estas grietas un papel y la explosión de la llama no se hace esperar. Antes de subir, habíamos comprado Malvaviscos, y, con una rama similar al mimbre, nos deleitamos con los mismos asándolos al calor de estas cuevas candentes. Se hacen al instante, y nos sorprende el poder de la tierra misma, toda esa energía proviene de las entrañas de la tierra que pisamos.

En la cueva grande, apenas se soporta un par de minutos, debido al intenso calor reinante.

Hacia el techo, grandes rocas tapando una grieta.

La cueva grande, vista desde el exterior. Esas enormes rocas y otras fueron arrojadas por el Pacaya.

Subimos un poco más y vamos a otra cueva, esta es más grande, es de forma irregular, alargada y debe tener unos 80 mts cuadrados. En su parte más alta unos 6 mts, y es su techo una grieta enorme en donde han quedado trancadas desde la erupción unas rocas del tamaño de un auto pequeño y que deben pesar varias toneladas. Al ser esta cueva más grande, el calor no es tanto, pero sólo resisto en su interior poco más de un minuto, ya que ese aire seco está quemante. Estoy de sandalias y en determinado momento esas piedrecillas quemantes, me recuerdan donde estoy, me estoy quemando los pies y salgo rápidamente al aire libre. Pienso ahora, y me doy cuenta del poder inmenso de la naturaleza. Por todos lados se ven las fumarolas, nubes blancas que salen de todos lados y de manera aleatoria en sectores en dónde es un poco mayor la actividad por debajo. Innumerables grupos de turistas, Americanos, Europeos, Orientales, disfrutan todos con curiosidad de esta maravilla del Pacaya. Infinidad de fotos, el deleite y la curiosidad de asar Malvaviscos en la lava misma.

Angel, un amigo excelente del Inguat, tomando un respiro a la entrada de la cueva de lava.

Es una experiencia única y así reflejan los rostros felices y asombrados de todos quienes me cruzo. Debemos volver, más allá de donde estamos no se puede subir debido al peligro de avalanchas, ya que miles de toneladas de piedras están en la ladera haciendo de su tránsito por esa zona muy peligroso. Retomamos nuestro sendero, no sin antes llevar de recuerdo nuestro trocito de lava del Pacaya.

Souvenir del Centro de la Tierra. Hoy descansa en mi escritorio.

Las rocas de lava son ásperas y de aristas filosas. Cualquier pequeño trozo que se introduzca en el calzado, hace prácticamente imposible el continuar. Definitivamente, éste NO es el calzado adecuado. En la foto, dándole un pequeño descanso a nuestros fatigados pies.

Mi fiel “Comanche”.

Cumbre del Pacaya.

Nuestros caballos están esperando, y mi “Comanche” fiel allí está. Este sendero se puede si se desea hacer todo el trayecto a pie, pero es aconsejable el uso de los caballos, ya que seguramente el tiempo extra y el cansancio no dejará mucho a disfrutar de este espectáculo. Recomendamos ropa cómoda, algún pequeño abrigo (ya que por la altura la temperatura baja bastante), calzado adecuado tipo “trekking” y al menos 1 lt de agua. Luego de casi una hora de bajada, llegamos nuevamente a nuestra base. Felices y asombrados por esta maravilla que no conocíamos.

Con nuestros experimentados guías.

Destacamos la profesionalidad y la amabilidad de nuestros guías, uno de ellos de sólo 14 años, que llegaba a hacer este trayecto hasta 3 y 4 veces al días, a pie!!!! Sólo un nativo de este lugar, doy fe, puede hacer esto con tanta solvencia.

Nuestro agradecimiento al Inguat, por la profesionalidad y organización con la cual se manejaron en todo momento.

[flickr-gallery mode=”photoset” photoset=”72157625188617967″]

by Mario Tarallo – Punta del Este IBT

Imágenes es prohibida su reproducción parcial o total.